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lunes, 13 de diciembre de 2010

Amanecer en Marrakech

Un mar de arena rojiza es lo que se contemplaba a través de la celosía con la que habían cubierto el gran ventanal. La luz que entraba a través de ella proyectaba ondulantes formas geométricas que se arrastraban con la cadencia de lo eterno por las paredes de la enorme habitación. Amanecía con el placer aún titilando en su piel. Abrió los ojos y por un instante se dedicó a la contemplación. El techo de la habitación era una sucesión de telas blancas que ascendían y descendían y donde por un momento, se entretuvo su imaginación creyéndose mecida por un mar de espumosas olas que acariciadoras, relajaban la tensión de los últimos meses. Las paredes, tenían la calidez del dorado y el ocre, como el sol de la mañana. El mobiliario, escaso e innecesario, era de madera tallada por manos artesanas y sobre una cómoda, un gran ramo de rosas se desperezaba a la vez que lo hacía ella. Se giró para contemplar la amplia terraza a la que se accedía por un gran arco lobulado adornado con figuras vegetales que se entrecruzaban y que acababan descansando en dos pequeñas columnas. En la terraza había una mesa redonda de hierro forjado lo suficientemente grande como para disfrutar de un exquisito desayuno que no tardaría en llegar y un par de tumbonas de blanco colchón donde abstraerse incluso, de la contemplación. Tarea difícil con el paisaje que uno tenía delante. Montañas de fina arena se ordenaban a su antojo para hacer de cada día un nuevo paisaje en el que soñar. Volvío la vista al interior. Un enorme diván, repleto de almohadones, se hallaba al lado del ventanal desde donde se podía disfrutar del nacimiento del día y de atardeceres de fuego y una gran chimenea, conformaban el rincón más maravilloso de la habitación. Allí había abandonado la noche anterior su chilaba.

Se tropezó con ella en uno de tantos zocos que salpicaban la ciudad y no lo pudo resistir. Era de una gasa suave que acariciaba su cuerpo con cada movimiento. Tenía unas aberturas a los lados, más amplias de lo que había visto en las que llevaban las mujeres de la ciudad y el escote también era más pronunciado de lo normal. Estaba adornada con dorados en las mangas, las aberturas y el escote, y no le pareció una prenda para salir tal cual a la calle pero sí con la que cubrir su desnudez en la intimidad. Así que al verla allí, sobre el diván, no solo recordó y revivió lo acontecido la noche anterior frente a la chimenea sino que sintió un deseo irrefrenable de adornarse de nuevo con ella y de esta forma abandonó el calor del lecho, no sin antes dedicar una sonrisa al sueño reconfortante de su compañero.

Fue hacia el diván y dejó que la gasa resbalara suave y tibia por su cuerpo. Se acercó a la celosía del ventanal y descubrió una de esas maravillas que esconde el mundo para evitar que sea corrompida por la mano del hombre. De repente se sintió protagonista de un cuento de Las mil y una noches. Aquello era un remanso de paz hermoso, relajante y excitante. Venus aún se dejaba contemplar en el cielo mientras que el tono anarajando que nacía en el horizonte se confundía con el de las dunas que se mecían con lentitud pasmosa, sin prisas, sin horarios. Un estremecimiento de placer recorrió su cuerpo justo a la vez que sintió como le rodeaban unos brazos. Su compañero se había deslizado silencioso y colocado detrás de ella para abrazarla. Sintió como la apretaba contra él y comprobó que estaba tan excitado como ella. Nunca podía resistirse a su contacto.

El cielo comenzó a arder ante sus ojos con el lento ascenso del sol. Allí todo era sosegado, incluso las caricias que se procuraban el uno al otro, pese a que el corazón marcara un acelerado ritmo a la respiración. Se recorrían lentamente, deteniendo el tiempo en cada palmo de piel. Sus manos se apoyaban en los muslos y la gasa de la chilaba se deslizaba acariciadora con su movimiento, una caricia que ascendía y descendía entre sus piernas y que la hacía derramarse de placer. Su mano se coló por la abertura de la gasa que había ascendido casi hasta las caderas y sintió como aprisionaba su sexo con ella y como se extendían los dedos para introducirse en su interior. Con la otra mano agarraba uno de sus pechos que parecían a punto de estallar y poco a poco la fue llevando hasta el diván donde la liberó para desprenderla de la chilaba y dejar que se tumbara. Se echó sobre ella, y el placer de sentir el calor de su cuerpo pegado al suyo aceleró sus pulsaciones. No había que correr, no había necesidad. Se habían desprendido de todo aquello que les recordara el paso del tiempo y por eso se deleitaban con el simple placer de rozarse, con el placer de descubrir la excitación en la mirada del otro. Y volvían de nuevo a recorrerse, a perderse por los rincones donde cada uno temblaba con el contacto de otra piel, de una mano, de una boca que le tragaba, de una lengua que acariciaba y humedecía aún más.

Podía todo ser un sueño, quizás ni siquiera lo hubieran soñado tan perfecto, pero no, esta vez ella abría la boca y le sentía tenso en su paladar y pasaba la lengua despacio por su glande y lo sentía palpitar entre sus manos y podía subir despacio lamiendo sus ingles e incluso podía echarse sobre él y notar su corazón latir al mismo ritmo que el suyo. Allí incluso, podía rodar y quedar bajo su cuerpo y arquearse cuando los pezones llegaban a su boca, cerrar los ojos de pura dicha cada vez que su miembro rozaba su sexo. No había prisas pero sus sexos estaban a punto de estallar y no lo demoraron más. Se hicieron uno como si estuvieran hechos para estar unidos. Su polla se adentró en ella sin ayuda y fue recibida por un gemido de placer que salió de su boca. Se movían al ritmo que lo hacían allí las cosas, acompasadamente y recreándose en ese ir y venir de dentro a fuera. Y en ese continuo retorno, sentía su polla cada vez más dura, hasta que ella perdió el control de su sexo cuando en un profundo embite empezó a contraerse y a oprimir y liberar a un miembro que a su vez, lanzaba cálidas oleadas de semen en su interior sin que ya ninguno pudiera parar la explosión que se desataba entre sus piernas. El instante en el que todos los sentidos habitan una dimensión distinta, donde por un momento se abandona lo terrenal como si fueras eyectado a la velocidad de la luz a un espacio desconocido que solo te está permitido habitar una fracción de segundo, y de donde vuelves habiendo renacido.

El amanecer ha dado paso a la mañana y el sol nos ha pintado relucientes estrellas en las paredes de la habitación al colarse por los huecos de la celosía. El mundo se ha quedado muy atrás en el recuerdo. Allí todo es serenidad y placer. Un golpe suave de nudillos anuncia nuestro desayuno...


Ofra Haza - Im Nin'Alu & Galbi (Razormaid Mix)

martes, 30 de noviembre de 2010

Illusion

En uno de esos momentos en los que me da por pensar sobre el sentido de la vida, ahora que tan fuera de control está la mia, he acabado por concluir que una medicina estupenda para este mal, es la ilusión. Esa ilusión que cuando se aloja en mi mente, hace que desaparezca todo aquello que me agobia, hace que por un instante toda preocupación parezca un sinsentido, hace, que sonría y sueñe, que luche y olvide, que me levante para seguir caminando. Hace que me crea capaz de afrontar el hoy y el mañana y que muchas noches, cierre los ojos complacida de que estés ahí.

ilusión.

(Del lat. illusĭo, -ōnis).

1. f. Concepto, imagen o representación sin verdadera realidad, sugeridos por la imaginación o causados por engaño de los sentidos.

2. f. Esperanza cuyo cumplimiento parece especialmente atractivo.

3. f. Viva complacencia en una persona, una cosa, una tarea, etc.


Cada una de estas acepciones tiene un denominador común que no es el de la palabra que definen, cada una evocan en mi algo distinto y todas ellas tienen al final, el mismo nombre propio.

No sé donde tropecé con este tema pero ya lleva un tiempo conmigo y me gusta, espero que a ti también. Es de esos temas que te reconcilian con el mundo aunque no digan exactamente lo que uno quisiera decir.

Das Pop - You (2006)

jueves, 9 de septiembre de 2010

Atrapando un instante





Hay momentos en los que uno se pierde felizmente por los recovecos de la memoria y lo que entran son ganas de que un tibio otoño se haga un ovillo a tu lado mientras ves resbalar las primeras gotas de lluvia en los cristales.



Donots - Stop The Clocks (2008)

viernes, 3 de septiembre de 2010

Faros


Podría ponerme a horcajadas sobre ti
y dejar que te derrames cálido en mi.

Podría perder el sentido enredada en tu cuerpo,
arquearme con cada embestida,
dilatar el tiempo para hacerlo eterno.

Acariciar cada palmo de ti.

Cerrar tus ojos y ahuyentar fantasmas.

Podría perderme en tu sexo y degustarte.
Alcanzarte la boca y saborearte.

Podría pasar una vida follándote y una eternidad soñándote.

Podría hacer tantas cosas que no hago...

Tan solo cierro los ojos y sueño con faros.





José Padilla - Adiós Ayer



domingo, 25 de julio de 2010

Perfect Day

Días que quedan en la memoria
Días que inflaman el corazón
Días en los que estuve y estabas
Días que fueron un todo
Días de ayer

Cada vez que escucho esto
siento haber perdido algo en el camino



Duran Duran - Perfect Day (1995)

viernes, 18 de junio de 2010

Atardecer de los sentidos

No podía más. Por un momento, sintió la necesidad de abandonarse a los sentidos y salió del apartamento buscando el lugar al que dar rienda suelta a aquello que bullía en su interior desde hacía ya demasiado tiempo y que justo allí, se intensificaba y lo sentía fluir por todo su cuerpo. Se acercó decidida a la orilla del mar. Los pequeños cantos rodados de la playa la convertían en el lugar idóneo. Nadie paseaba por allí salvo una pareja de lesbianas que en un momento dado se acercaron, no lo suficiente, con su perro al que hacían corretear. Empezaba a anochecer y el cielo se hacía uno con esa línea imaginaria que lo separaba del mar. El oleaje era tan leve, que mecía lo justo el deseo que ardía en su interior, calmando así la ansiedad de los últimos días. Era un bonito atardecer el que empezaba a adornarse de colores. Miró hacia ese cabo que quedaba a su izquierda. Un saliente rocoso adornado por una torre vigilante donde parecía haberse enredado un jirón de nube que se había teñido con el rosáceo ocaso del sol. Sabía que unas pocas millas más allá estaba la razón de su deseo y ese pensamiento no hacía más que acelerar aún más sus pulsaciones.

Estaba allí sentada, sola, aspirando el aroma que traía el vaivén espumoso. Grabando el paisaje en su retina. Enredándolo con las imágenes que de él se proyectaban sin cesar en su mente. Escenas que no habitaban más que en su memoria y que se empeñaban en ser las protagonistas de sus días. Y es que allí, era capaz de respirarle, de reconocer la unión del salitre con los primeros fluidos que brotaban de su sexo y aumentar así el deseo de saborearle. Imágenes de mil caricias aceleradas, de cuerpos que se recorren, de bocas que humedecen la piel por donde pasan, de manos que se pierden en la humedad del placer, que se esconden entre sus piernas junto a oleadas de calor, de sexos que explotan casi antes de que les alcance la húmeda caricia de las bocas. Y un suave oleaje se derrama en sus oídos al compás de sus jadeos para melodiar el placer de follarse, de recorrerse, de excitar sus cuerpos hasta llegar a penetrarse y embestirse con la cadencia del mar. En un ir y venir de su miembro dentro de ella que le hace estremecer sus entrañas y perder el sentido, deseando y retrasando el empuje que les haga estallar, que inunde de dulces secreciones ambos sexos, el momento del gemido final, ese en el que abandonarse a las contracciones del goce, cuando se abandona y se diluye el mundo por un instante. Ese momento que se atrapa en la memoria para siempre.

La brisa le trajo el dulce aroma del mar. Unas voces se acercaban a la playa. Miró una vez más el saliente rocoso de su izquierda y respiró hondo. Su corazón aún latía con fuerza. Venían a buscarla y se puso en pie. Sintió su sexo mojado, sonrió para sí y echó a andar.

* * *
Feliz Fin De Semana



Starlet - When Sun Falls On My Feet (2002)

lunes, 15 de marzo de 2010

Sunshine and Desire

Hace un día de radiante sol que convierte la dicha de follarte en un placer para los sentidos que me gusta rememorar con cada rayo que me toca.

Eres, la composición hipnótica que resuena en mi mente sin cesar.

La que se inicia lenta a golpe inquisidor de piano, acariciando las teclas con tesón y despertando mis instintos.


La que incita al teclado buscando compañia en la melodía y que se repite una y otra vez para hacer tambalear mi deseo en suave aleteo.


La que se retuerce sobre si misma y se adorna de sonidos, de voces ininteligibles que se adentran en nuestras cavidades para arrastrarnos allí, donde siempre acabamos por encontrarnos.


Donde las llamas abrasan.

Donde nada nos toca, salvo las caricias que inventamos.

Donde nada nos derrota, salvo el deseo encendido.

Donde nos licuamos y salivamos por el devenir.


La enloquecedora melodía que resurge frenética en los oídos.


La que sin abandonar la locura de la lírica, se deja mecer y acariciar en un vaivén de hormonas que me embisten y me asaltan, trastocando la realidad en un suave levitar de sensaciones que se enroscan alrededor tuyo para poseerte.


Para alcanzar aquello de ti que tú mismo desconoces.


Y te saboreo y succiono en ese estado febril que se alarga en el tiempo en misterio insondable, pero cierto.


Eres, la dulce melodía, la locura del deseo. Amor y pasión que estalla mil veces escondida y desconocida para los demás, en el obscuro rincón donde habita mi sexo.


Wim Mertens - Maximizing The Audience (1984)

sábado, 5 de diciembre de 2009

Último adiós a Victor Jara y los sueños

Acabo de leer una noticia que ha hecho que me recorra un escalofrío, supongo que producto de la nostalgia que me produce el nombre de Victor Jara, el cantautor chileno brutalmente torturado y asesinado por las fuerzas del dictador Pinochet justo el día en que yo cumplía 11 años. Sería poco más de un año después, en mi pre-adolescencia cuando oiría por primera vez su nombre. Una época en la que en este país la gente y sobre todo los jóvenes, se agitaban inquietos presagiando el final de nuestra propia dictadura. La "canción protesta" que entonaba junto a mis amigos tenía su firma y la de grupos como Quilapayún, con la vista puesta justo al otro extremo político de lo que este país padeció a lo largo de 40 años. Un padecimiento que por suerte yo apenas viví. Las revueltas callejeras eran el pan nuestro de cada día. El ansia por librarse del yugo, por pasear libremente por las calles de la ciudad, por amarse a plena luz del día, por gritar lo que cada uno llevaba en sus entrañas era tan fuerte, que no había freno para la movilización que los estudiantes encabezaban cada día en las calles de la Ciudad Universitaria pese a la persecución y los palos que los grises repartían. A mis aún cortas entendederas tan solo llegaba el eco de lo que algunos hermanos mayores de mis amigos nos contaban sobre las manifestaciones, sobre las organizaciones clandestinas, sobre la formación de la Joven Guardia Roja que viví muy de cerca. Y me vi entonces esparciendo octavillas por las calles de mi barrio con el temor no solo de meterme en un lío sino de que mi padre me partiera la cara pero también, con la esperanza del cambio. Y esa era la época en la que entonábamos como grito de guerra canciones como esta:

Victor Jara - A desalambrar

Canciones que entraron en nuestro país de forma clandestina y que escuchábamos en un destartalado radio-casette a escondidas, al abrigo de los pinares de la Dehesa de la Villa, donde vivía, y que nos servía de refugio de miradas indiscretas. Donde aprendimos cada letra de cada canción, donde muchos gritamos por primera vez la después tan manida estrofa de Quilapayún "el pueblo unido, jamás será vencido", donde creíamos en los sueños de juventud y donde por una vez, esos sueños, se hicieron realidad. Yo, no corrí por las calles. Yo, no me enfrenté desafiante ante nadie. Yo, lamentaba mi corta edad porque quería estar donde estaban muchos. Sin embargo, cuando todo acabó, cuando los mítines de los partidos políticos estaban rebosantes de gente alborozada, cuando parecía que las calles tenían el color de lo nuevo, el olor a limpio, yo me sentía parte de eso que llegó a ser y que por desgracia, se esfumó muy pronto.

La clase política huele a podrido en este país. Y si tuviera que salir de nuevo a la calle, sería para echarles de sus estupendos y cómodos sillones. Y esta vez, sí correría por las calles y lo haría para preguntar, qué fué de los sueños de juventud.

Te recuerdo, Victor Jara.

Victor Jara - Te recuerdo Amanda

jueves, 19 de noviembre de 2009

Hearts On Fire


Infierno, un imán, el sabor de tu boca, el de tu sexo.

Mi obsesión.
La humedad entre mis piernas, un deseo.
Atraparte y follarte.
Desfallecer a tu lado.
Saborearte, retorcerme
Comerte y que me comas.
Me matas.

El tiempo pasa y nada cambia,
neuronas que se deshacen
al pensarte.

Amanecer enredado en mi sexo,
un sueño,
temblar entre tus manos,
cerrar los ojos y volar.

Atraparte y follarte.
Mi obsesión, un imán.


Sam Harris - Hearts On Fire (1984)

lunes, 2 de noviembre de 2009

Monday: Rememorando el placer

Hoy ha amanecido en mi vida uno de esos días en los que me apetece hacerme un ovillito y cerrar los ojos. Cuando esto ocurre mi mente empieza a escarbar entre los recuerdos buscando aquellos que más placer me producen y era de prever que me tropezara contigo. Te alojaste en mi para colonizar mis sentidos y el tiempo no consigue borrar la huella de tantas cosas sentidas. Y las miro y remiro sonriendo para mis adentros, dejándome mecer por el eco lejano de risas en la noche. Soy capaz incluso de rememorar cosas que nunca fueron pero que por un instante estuvieron en la memoria para goce de nuestros sentidos. Y me pierdo entre caricias deseadas al calor del fuego para dar paso al desenfreno que siempre acaba por acompañarte. Y cuando todo este rememorar acaba abro de nuevo los ojos y toda mi realidad desprende una luz de dicha que hace que el día acabe por ser más placentero de lo que se inició.



Gene Loves Jezebel - Desire (1985)