sábado, 23 de enero de 2010

El reflejo de sí misma

Vio su propio reflejo en el espejo sin apenas reconocerse. Como cuando jugaba a quedarse mirando fijamente durante un buen rato hasta conseguir desdibujarse los rasgos y sentir que miraba a una extraña. Pero en esa ocasión, no era un juego. Sabía que era ella, descubrió que el encanto tenía alas y había volado, que la ilusión se había desvanecido, que no había más que cicatrices en su mirada. Viendo ese reflejo, le costaba trabajo comprender su vida, lo que había hecho con ella. Siempre pensó que los amores adolescentes tendrían el regusto dulce del descubrir compartido y de la entrega inocente. Cuan lejos de su realidad estaban esas suposiciones. Todo a su alrededor había perdido el brillo que unos ojos enamorados depositan sobre cada cosa que observan. ¿Como había llegado a eso?

Estaba en el suelo de la cafetería del instituto cuando él apareció por primera vez. Sus miradas se cruzaron por un instante, el suficiente para memorizarse. Al día siguiente se lo presentaron. Él abrazaba una preciosa acústica. Con el mismo gesto dulce del día anterior, ejecutaba entre sus dedos los acordes de Moon Shadow y lo interpretaba como si fuera propio, como parido por su corazón. Unas horas después deambulaban por una ciudad de multitudes y estridencias sin que escucharan más sonido que el de sus risas y el conversar del otro. Y ella se convirtió desde ese día en musa de poesías y canciones que destilaban ternura y deseo casi infantil. Así colonizó la mente de ella y de esta forma, se convertiría en el protagonista de un sueño que la llevaba de la mano en volandas por el mundo, ingrávida por la vida. Y el sueño se transformó en placer infinito cuando entre delicadas y nerviosas caricias descubrieron cada rincón escondido del otro y se abandonaron con miedo a lo que el deseo reclamaba, con la tensión que provocaba aquello desconocido, con el temor de su ignorancia. De esta forma, mecidos por la excitación que provocaba todo aquello, se entregaron el uno al otro y olvidaron cada nombre de cada cosa, lo que eran y lo que serían, para hacerse unidad efímera y torpe que el recuerdo convirtió en dicha.

Una dicha que se acomodó al ritmo de sus pasos y que los acompañaría unos días más, unos meses más. Hasta que la locura se alojó en su mente de poeta y el deseo de poseerla superó los límites de la razón. Construyó unas pesadas cadenas con su obsesión que la aprisionaron y la fueron asfixiando hasta hacerla perder el sentido, hasta privarla de libertad y de raciocinio. Que alguien posara los ojos sobre ella provocaba violentas explosiones de ira que descargaba sobre los pobres infelices que se cruzaban en su camino. El tiempo no hacía más que la violencia fuera en aumento. Al principio contra los demás, después contra ella. Conviertiendo aquella ingravidez de los comienzos en una pesada losa que llevar a sus espaldas. En su desesperación se afanaba por encontrar un destello de esperanza en sus ojos y tropezaba una y otra vez con una mirada desconocida. Su gesto dulce se había crispado, de su corazón aprisionado por los celos ya no salían poesías ni canciones para cantarla y ella acabó por doblegarse, por caminar en silencio mirando el asfalto, por rogar un día de paz mientras se consumía entre el recuerdo del chico que fue y al que amaba y ese otro al que ya no conocía y que un día, en un arrebato de cólera le partió la cara y acabó por romper en mil pedazos su corazón. Dió por perdida la batalla, consumió sus energías entre discusiones e intentos de retorno al lugar de los sueños con promesas nunca cumplidas y se descubrió abandonada a la locura de esa vida. Sin fuerzas para salir del sumidero que la engullía.

Allí estaba, frente al espejo. Recordando cada momento y cada herida. Odiando aquello que era y que veía. Sopesando si sería capaz de ingerir aquellas pastillas que sin saber como, se amontonaban en su mano. Y sin una pregunta más que hacerse, sin nada más que decirse a sí misma, atravesaron su garganta esperando encontrar la paz en el silencio absoluto de un corazón sin pálpito. La consciencia le fue abandonando lentamente, una luz blanca se apoderó del entorno y fue difuminando las pocas cosas que alcanzaba a ver mientras el eco lejano de Moon Shadow se iba acomodando alto y claro en su memoria mientras ella cerraba los ojos para soñar.

Cat Stevens - Moon Shadow (1971)

13 comentarios:

Outsider dijo...

Bonito relato, pero triste, demasiado hasta para mi, porque es más que ciencia ficción, es parte de la cara amarga de la realidad cotidiana.

WOOD dijo...

Buffff. Inmenso relato. Me has dejado tocado para empezar el día. Que chungos son los celos. Suscribo integramente lo manifestado por Outsider. Besotes.

Evánder dijo...

Precioso relato, Elektra. Un gran retrato de lo que suponen los celos.

Me encanta tu faceta de escritora.

Buen finde. Besos!

India dijo...

Siempre me pasa lo mismo.Cuando algo que leo o escucho o veo me llega,me quedo sin palabras hacia afuera y llena de letras por dentro.
Mi reverencia hacia lo que has creado con un reflejo.
Voy a digerir todo lo que dejaste escrito en mí.
Achuchones,Elektra.

VENTILADORCULAR dijo...

Joer, como sigas así, me va a pasar como a Superman con la kryptonita, pero a mí con la Elektrita, jajaja...
FAN-TÁS-TI-CO. Me has puesto la piel de gallina. Qué triste es verse con el corazón cambiado, más, si la causa proviene de fuera, de otra persona.
El relato tiene una serie de momentos álgidos, que no hacen sino plantar la guinda de un pastel delicioso.
Cuánta razón tienes en tu exposición. Luego me pasaré a releer. Me has dejado con ganas de más. Besos torreónidos

Elektra dijo...

Bueno, Outsider, evidentemente no era ciencia-ficción sino una realidad. Alrededor de los celos obsesivos no hay nada alegre de lo que se pueda hablar.

Chungos, si señor, amigo Wood. Espero de cualquier forma que hayas disfrutado del sábado. :)

Muchas gracias, Evánder. Los celos tienen muchos grados y no siempre son así de exagerados, por suerte.

Con tus palabras, India, ya has dicho mucho más de lo que esperaba escuchar. Muchas gracias. Yo con saberte por aquí tengo suficiente.

Bueno, Venti, pues Elektrita hay mucha por ahora, pero espero que si tiene que hacerte algún efecto sea el contrario. :D

Prometo escribir algo alegre para la próxima vez. Esto llevaba en barbecho mucho tiempo y tenía que acabar por salir. Mi estado de ánimo últimamente no tiene para nada la tristeza del texto.

Muchos besazos a todos y seguir disfrutando que el finde se acaba rápido.

draynert dijo...

Muy triste. Y real.
Lo que me encanta es tu manera de escribir.
Chapeau!

Elektra dijo...

A mi lo que me encanta es verte tan activo últimamente, draynert. Gracias, un besazo.

raúl dijo...

qué pena que se pueda distorsionar tanto algo tan inmaculadamente hermoso, verdad? si no fuera por el enorme precio de la liberación definitiva casi parece un final feliz.

Elektra dijo...

Sin duda, raúl. Los celos son capaces de retorcer y destrozar la mejor de las historias. La liberación de una experiencia semejante, aunque no sea como la del post, te deja unas secuelas importantes, por muy feliz que te sientas de haberte liberado.

klimtbalan dijo...

Es muy difícil controlar los productos de la mente, en muchas ocasiones terminan por deborarte a ti y destruir tu alrededor.
En la primera parte me he visto reflejada...esa guitarra acústica, esas canciones, esas risas...y en la segunda parte...algo similar...pero con un final menos trágico!!
Una triste historia contada con tu encanto personal.
Un besote graaande...para empezar bien la semanica!!

Javier Caballero dijo...

No sabes los aplausos que he dado emocionado despues de leer.

Mientras leía, muchas reflexiones, anhelos de un tiempo parecido al que todos hemos vivido, ilusiones, y el final... hasta puede ser bonito y coherente, no es lo que ella quería vivir. La lastima, o no, es que no podrá vivir otro distinto.

Mas aplausos, tus relatos lo merecen.

Elektra dijo...

Cierto, klimtbalan, algunos sentimientos son difíciles de controlar. Los celos llevados al extremo, casi me parecen una enfermedad

Un besote grande para tí. Sé muy feliz.

Gracias, Javier, por tus palabras. Siempre has sido un incondicional. :)

El final, para una historia escrita, puede no estar mal. La pena es cuando ese final es reflejo de una realidad.

Muchos besos. Que tengais feliz semana.